Blog de Michel Henric-Coll

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12Dic

Mozart asesinado

Atraer y conservar el talento está en todas las bocas y en todos los programas de Recursos Humanos.  Parece ser una de las máximas preocupaciones actuales, pero ¿de verdad el talento se caza como las mariposas y se gestiona como una cartera de valores en bolsa?

¿Qué es realmente el talento?

¿Algo propio a la persona, una característica peculiar como la forma de la nariz, la altura o el color de los ojos. Algo inherente con que ha nacido o se ha encontrado al crecer,  y de lo que no puede librarse?

Podríamos ir a la búsqueda del talento como otros van a buscar setas o trufas en los montes, llenaríamos nuestra cesta y nos dirigiríamos felices directo a la cocina para guisar con total seguridad un manjar.

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02Mar

Estrategias para morirse de la crisis (3)

[3- La estrategia del degollador]

Cuando el globo baja, hay que soltar lastre para mantenerse en el aire. Esta es la convicción del degollador, y se traduce en echar por la borda a todo empleado que cuesta más que produce. Fundamentalmente, razón – o razones – no le falta, y es cierto que a veces hay que sacrificar dedos para salvar el brazo.

Deslastrar implica suprimir todo peso muerto, i.e. todo lo que genera costes inútiles, todo lo prescindible. Gustosa o no, es una solución que resulta a veces ineludible y abundan las metáforas que la apoyan, como que no se puede ganar batallas sin perder soldados o hacer tortillas sin cascar huevos. Sin embargo es una solución tan parcial que resulta en la mayoría de los casos contraproducente.

Está claro que si la demanda cae de cien a setenta, también tendrá que hacerlo la producción, y por tanto habrá un treinta por ciento de recursos que sobrarán en alguna parte. Pero si sólo se reduce personal para aligerar costes, es de suponer que también se va a perder algo positivo, o ¿será que los empleados sólo son bellas bailarinas que mantienen los empresarios por filantropía?

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23Feb

Estrategias para morirse de la crisis (2)

[2: La estrategia del mecanicista]

Para el mecanicista, el trabajador es claramente una máquina con patas. Es heredero de la filosofía del siglo XVII y del pensamiento de Descartes quien afirmaba que los animales no tienen mente y se pueden explicar integralmente en términos de materia y movimiento.

Su pensamiento reduccionista considera a los empleados como componentes de un artilugio mecánico, y por tanto perfectamente sustituibles uno por otro. Contempla la motivación, la implicación y el celo como meras propiedades subjetivas, y está convencido que un equipo es menos que la suma de sus miembros.

Del mismo modo que entre dos máquinas que cumplan la misma función, hay que comprar la más barata, piensa que si existe un trabajador que acepta un salario de cien, sería estúpido contratar a otro que cueste ciento veinte.

Un empleado le parece un tornillo y si flojea o deja de funcionar, cualquier otro sirve para reemplazarlo.

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23Dic

Frustración Laboral (2)

En el la primera parte de este artículo, descubrimos diferentes tipos de frustración laboral, a través del caso de tres trabajadores.

Hoy os propongo observar las consecuencias que provoca la frustración así como los diferentes comportamientos que suelen adoptar sus víctimas.

Tal vez la palabra frustración os suene algo extra-ordinaria, en el sentido de fuera de lo común o de lo habitual. Al final del presente artículo, tal vez podáis reconocer sus manifestaciones en muchos más casos de lo que esperabais.

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22Dic

Divide y perderás

La frase “divide et imperat” (divide y reinarás) se refería a dividir a los enemigos, no a los amigos. Aun haría falta – hablando de la empresa – definir quienes son los amigos, y quienes los enemigos.

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21Dic

El Factor Humano en las empresa

A principios del siglo XX, el principal problema de las empresas era producir más. Los hombres claves en la empresa eran ingenieros organizadores como Taylor, Gantt, Ford.

Los trabajadores se repartían en dos grupos: los que pensaban (los mandos) y los que sólo podían ejecutar (los otros). Habían una clase de ciudadanos que consumía y otra distinta que producía.

Desde entonces la sociedad ha evolucionado y hoy el individuo, tanto como ciudadano como consumidor, ha conseguido el derecho a expresarse, a ser informado, a tener responsabilidad y a elegir. Es natural que espere los mismos derechos como trabajador.

Confrontados a estos cambios, los empresarios manifiestan muchas veces una total incomprensión. No entienden los fenómenos y comportamientos que observan, lo cual se traduce por inseguridad y, a su vez, desconfianza.

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