Blog de Michel Henric-Coll

Ir al contenido | Ir al menú | Ir a Buscar

11Sep

¿Quién ha movido tu queso?

Lo cierto es que ya no está.

Se lo han llevado las hipotecas basuras, los avariciosos bancos, las tormentas bursátiles, la globalización y otros Ninjas sigilosos.

En su afán de recortar dramáticamente los gastos, las empresas han procedido a una severa dieta de adelgazamiento, licenciando personal a espuertas. El problema es que también han licenciado a los consumidores de sus productos, puesto que en el siglo XXI, los que producen y los que consumen son las mismas personas. Menos gastos, sí, pero a la vez que eliminaban michelines, han conseguido podar las ventas.

Han sucumbido al sofisma de composición que consiste en creer que lo que es bueno a pequeña escala sigue siéndolo a escala grande. Una empresa puede sobrevivir recortando costes de personal, pero si lo hacen masivamente todas las empresas, la crisis monetaria se multiplica al cuadrado con una crisis de la demanda.

Vale, de acuerdo, han movido el queso. Ahora ¿qué decides tú? ¿Te quedas aquí llorando esperando el hipotético momento en que vuelva, o te pones las zapatillas de deporte y empiezas a correr?

06Mar

Estrategias para morirse de la crisis (4)

[4- La estrategia de la Tortuga]

La empresa que adopta la estrategia tortuga recoge patas y cabeza debajo del caparazón, confiando en su solidez para aguantar la tormenta.

No consumir - o lo mínimo – es el lema. No respirar, acercarse tanto como sea posible a una seudo hibernación, aun cuando biológicamente, una tortuga no es una marmota, ni aguanta del mismo modo el letargo.

Continuar leyendo

02Mar

Estrategias para morirse de la crisis (3)

[3- La estrategia del degollador]

Cuando el globo baja, hay que soltar lastre para mantenerse en el aire. Esta es la convicción del degollador, y se traduce en echar por la borda a todo empleado que cuesta más que produce. Fundamentalmente, razón – o razones – no le falta, y es cierto que a veces hay que sacrificar dedos para salvar el brazo.

Deslastrar implica suprimir todo peso muerto, i.e. todo lo que genera costes inútiles, todo lo prescindible. Gustosa o no, es una solución que resulta a veces ineludible y abundan las metáforas que la apoyan, como que no se puede ganar batallas sin perder soldados o hacer tortillas sin cascar huevos. Sin embargo es una solución tan parcial que resulta en la mayoría de los casos contraproducente.

Está claro que si la demanda cae de cien a setenta, también tendrá que hacerlo la producción, y por tanto habrá un treinta por ciento de recursos que sobrarán en alguna parte. Pero si sólo se reduce personal para aligerar costes, es de suponer que también se va a perder algo positivo, o ¿será que los empleados sólo son bellas bailarinas que mantienen los empresarios por filantropía?

Continuar leyendo

23Feb

Estrategias para morirse de la crisis (2)

[2: La estrategia del mecanicista]

Para el mecanicista, el trabajador es claramente una máquina con patas. Es heredero de la filosofía del siglo XVII y del pensamiento de Descartes quien afirmaba que los animales no tienen mente y se pueden explicar integralmente en términos de materia y movimiento.

Su pensamiento reduccionista considera a los empleados como componentes de un artilugio mecánico, y por tanto perfectamente sustituibles uno por otro. Contempla la motivación, la implicación y el celo como meras propiedades subjetivas, y está convencido que un equipo es menos que la suma de sus miembros.

Del mismo modo que entre dos máquinas que cumplan la misma función, hay que comprar la más barata, piensa que si existe un trabajador que acepta un salario de cien, sería estúpido contratar a otro que cueste ciento veinte.

Un empleado le parece un tornillo y si flojea o deja de funcionar, cualquier otro sirve para reemplazarlo.

Continuar leyendo

19Feb

Estrategias para morirse de la crisis (1)

[1: La estrategia del Numerólogo]

El Numerólogo es un obseso de los números. Cae en la ilusión de que los beneficios se sacan de tablas de Excel. Aunque nadie, jamás, ha conseguido beneficios calculando ratios de contabilidad, él se esfuerza con ahínco a acoplar la realidad a sus teorías como otros su obesidad a una talla 46.

Pretende hacer pagar los costes de la ineficacia de su empresa a los clientes, aumentando precios sin más argumento que mantener sus márgenes. Pierde bastantes clientes en el empeño, y cuando no tiene más remedio que admitir que el mercado no está dispuesto a seguirlo, reduce costes drástica e indiscriminadamente y se convierte en Degollador.

El Numerólogo no es consciente del mundo en que trabaja. Los números son su religión y hablar de otras trivialidades es blasfematorio.

Motivación, trabajo en equipo, desarrollo personal son, para él, conceptos abstractos, horriblemente subjetivos, y por lo tanto lujos superfluos que se puede permitir uno cuando le sobra dinero y para quedar bien en las conversaciones del club, entre comentarios sobre el Porsche Cayenne y la piscina del nuevo chalet.

Su estrategia frente a la crisis consiste en replegarse en la ortodoxia de las cifras y devolver el ser humano al sitio que le corresponde como herramienta de poca fiabilidad: una máquina aun no totalmente despojada de sus componentes biológicos.

En su obstinación por negar la realidad, convierte su empresa en la isla de los supervivientes: sálvese quien pueda y maricón el último.

¡Fuera sinergias, viva la ineficiencia! Se multiplican promesas a clientes que no se podrán cumplir, servicios deficientes, competitividad en caída libre, movimientos convulsivos para intentar ‘hacer algo’, recesión…

La crisis le va a pasar factura, y cara. Pero él seguirá echando la culpa a los demás: clientes que no quieren comprar, vendedores que no quieren vender, trabajadores que no quieren trabajar.

MHC