Lo cierto es que ya no está.
Se lo han llevado las hipotecas basuras, los avariciosos bancos, las tormentas bursátiles, la globalización y otros Ninjas sigilosos.
En su afán de recortar dramáticamente los gastos, las empresas han procedido a una severa dieta de adelgazamiento, licenciando personal a espuertas. El problema es que también han licenciado a los consumidores de sus productos, puesto que en el siglo XXI, los que producen y los que consumen son las mismas personas. Menos gastos, sí, pero a la vez que eliminaban michelines, han conseguido podar las ventas.
Han sucumbido al sofisma de composición que consiste en creer que lo que es bueno a pequeña escala sigue siéndolo a escala grande. Una empresa puede sobrevivir recortando costes de personal, pero si lo hacen masivamente todas las empresas, la crisis monetaria se multiplica al cuadrado con una crisis de la demanda.
Vale, de acuerdo, han movido el queso. Ahora ¿qué decides tú? ¿Te quedas aquí llorando esperando el hipotético momento en que vuelva, o te pones las zapatillas de deporte y empiezas a correr?
Motivación, trabajo en equipo, desarrollo personal son, para
él, conceptos abstractos, horriblemente subjetivos, y por lo tanto lujos
superfluos que se puede permitir uno cuando le sobra dinero y para quedar bien
en las conversaciones del club, entre comentarios sobre el Porsche Cayenne y la
piscina del nuevo chalet.