Blog de Michel Henric-Coll

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10Nov

Reflexionar a hurtadillas

Los directivos no tienen tiempo para pensar. Ya se sabe. No paran de correr de un sitio a otro, de un problema a otro, brincando y sorteando las amenazadoras manillas del cronómetro que parecen dispuestas a trocearles. Las nuevas tecnologías les han ayudado a no tener tiempo. Contestan al móvil con el frenesí con el que antes fumaban; han de enviar emails urgentes desde la Blackberry; mantenerse al día del Twitter; actualizar sus redes sociales y estar al tanto de todo lo que acontece en su departamento (¡no vayan los colaboradores a tener iniciativas!).

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04Ago

¡4.538 comportamientos!

Hoy ha pasado por mis manos el libro “Diccionario de comportamientos para la Gestión por Competencias”. En la portada indica la autora: “Incluye 4.538 comportamientos para 160 competencias”.

¡4.538 comportamientos! ¿Qué se supone que hay que hacer con 4.538 comportamientos? ¿Gestionar a las personas? ¿Podéis imaginar a un manual de cómo educar a sus hijos que describiera 4.538 comportamientos de niños?

Decididamente, la cuantofrenia es una patología tanto más tóxica como enraizada en el hemisferio izquierdo de algunos utopistas que imaginan poder engastar los cien millardos de neuronas del cerebro humano en un tratado exhaustivo de la conducta humana.

Hay que modelizar, es decir simplificar, no complicar, porque nunca la variedad de un tratado de regulación de personas podrá ni siquiera aproximarse a la variedad del sistema humano que pretende regular. Hay que escribir tratados causales, no descriptivos de todas las consecuencias y sobre todo, en lugar de pretender centralizar el control como si el director de RR.HH. estuviera en la consola de mando de alguna nave espacial, descentralizar la regulación, formando y apoderando a los mandos intermedios y de proximidad. Sólo un ser humano puede igualar la variedad de otro ser humano.

MHC

Blog: www.nexohumano.es

 

21Dic

El Factor Humano en las empresa

A principios del siglo XX, el principal problema de las empresas era producir más. Los hombres claves en la empresa eran ingenieros organizadores como Taylor, Gantt, Ford.

Los trabajadores se repartían en dos grupos: los que pensaban (los mandos) y los que sólo podían ejecutar (los otros). Habían una clase de ciudadanos que consumía y otra distinta que producía.

Desde entonces la sociedad ha evolucionado y hoy el individuo, tanto como ciudadano como consumidor, ha conseguido el derecho a expresarse, a ser informado, a tener responsabilidad y a elegir. Es natural que espere los mismos derechos como trabajador.

Confrontados a estos cambios, los empresarios manifiestan muchas veces una total incomprensión. No entienden los fenómenos y comportamientos que observan, lo cual se traduce por inseguridad y, a su vez, desconfianza.

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