En el excelente grupo de discusión Recursos Humanos 2.0, de LinkedIn, salió como tema de debate el teletrabajo: pros y contras.

Empecé a redactar un comentario para el grupo, pero se me alargó un poco y he decidido convertirlo en un artículo. No obstante, si no sois aún miembro del grupo de discusión, os animo a conocerlo y participar AQUÍ.

El teletrabajo no es – a mi entender – un sistema de trabajo, sino una manera diferente de realizar el trabajo dentro de un sistema determinado. Me explico con una metáfora: comer con palitos o con tenedores no son dos tipos diferentes de alimentación, sino dos maneras diferentes de acercar los alimentos a la boca.

He tenido dos veces la oportunidad de trabajar a distancia para la realización de proyectos. La primera, hace años, cuando las tecnologías eran más rudimentarias, disponiendo del teléfono fijo, de un modem a 1.200 baudios de velocidad (1.000 veces más lento que tu Adsl) y el correo,,, postal. Este proyecto duró un poco más de un año.

La segunda no fue profesional. Escribimos un libro entre nueve personas situadas en países y continentes diferentes. Algunos, no nos hemos visto nunca. La experiencia duró poco más de un año. El grupo sigue vivo en su tercer año de existencia y tiene tres libros publicados.

Teletrabajo = ¿suma de trabajos solitarios o trabajo en equipo a distancia?

Existe una tentación fuerte por parte del pensamiento empresarial actual de aprovechar la distancia entre trabajadores para fragmentar aún más las tareas, reforzar el individualismo y la conversión de las personas en datos numéricos. Si las empresas caen como es probable en esta trampa, perderán. Las condiciones económicas y sociales del siglo XXI requieren una organización en 3D, sistémica y no lineal como la actual.

Sin embargo, es perfectamente posible formar equipo a distancia, pero tiene sus condicionantes. Más que nunca ha de existir dos clases de motivación: el sincero deseo de alcanzar la meta, y la voluntad de formar equipo con estos compañeros. Es algo cuya carencia es más fácil de disimular con trabajo presencial, pero que no perdona mucho en teletrabajo. Formar equipo no se consigue por decreto-ley. Los equipos se construyen y si bien está claro que resulta más fácil construir un equipo de forma presencial, no es la única. Pero sin el affectio societatis, no hay equipo.

Se comenta que el teletrabajo permite economizar los costes del espacio y material de trabajo. Personalmente opino que si las empresas ven el teletrabajo como una fuente de ahorro, van a pasar al lado de la diana pues tiene que ser una fuente de eficacia, no de reducción de costes.

Si las empresas entienden que la colaboración y la sinergia que acompañan en trabajo en equipo son indispensable para fomentar la evolución (llámese creatividad o innovación) y adaptación a los cambios (llámese competitividad), entonces, el teletrabajo les resultará provechoso porque implica confianza, autonomía, información distribuida, capacidad de autorregulación del equipo y de sus miembros. Y esto va en el buen sentido de la Historia porque dejará más en evidencia la inadaptación del modelo actual de organización de personas y la obsolescencia total de sus paradigmas.

En resumidas cuentas, no contemos con el teletrabajo para cambiar el sistema empresarial, pero cambiando el sistema empresarial nos proporcionará nuevas formas eficaces de alcanzar las metas.