Es cierto que vengo pregonando hace tiempo que la verdadera sabiduría no consiste en conocer todas las respuestas sino en saber cuales son las preguntas adecuadas. Hasta lo puse en la portada del sitio web de mi empresa, www.hcya.es.

Pero todo tiene un contexto. Dejadme que lo ilustre con una anécdota que provoco a veces en mi formación a "Cómo dirigir personas".

Aprovechando alguna observación de un participante, del tipo 'para aprender, tenemos que preguntar', lanzo la tajante afirmación de que "nadie jamás ha aprendido algo preguntando". Y me quedo callado, esperando las reacciones de discrepancia que nunca tardan.

Pido entonces al participante más contestatario que me haga una pregunta, la que sea, sobre temas profesionales o personales. Se suele apresurarse a formularme una, y me quedo callado de nuevo, unos 10 segundos. La gente queda pendiente, pensando que estoy reflexionando. Sin embargo, al cabo de este tiempo de perfecto silencio por mi parte, le comento: 'gracias. Muy bien. ¡Qué has aprendido con tu pregunta?'

Es el momento en que los asistentes suelen decir: claro, no aprendemos preguntando, sino escuchando las respuestas.

Atentamente.

MHC

No, no me despido atentamente, sino que preciso que hay que escuchar atentamente las respuestas. Veis, no tenemos que precipitarnos ni cuando leemos ;-)

(crédito imagen: http://blog.fotocommunity.net)