Los Planes de Motivación del Personal me saben a las dietas de mi tía Amparo.

Amparo come todo lo que le viene en ganas. Cuando cocina, termina amorosamente todo lo que queda adherido a las cazuelas o en el fondo de las sartenes. Si encuentra en el frigorífico un Tupper con alguna sobra de la comida anterior, las termina para hacer sitio en la nevera. En la mesa, no duda nunca en acabar cualquier resto que pueda aun quedar en las fuentes.

Paralelamente, frecuenta a los dietéticos y gasta mucho dinero en las tiendas de Nature House, probando sin éxito todos los productos para adelgazar. Es obvio que no para de quejarse de lo poco eficaz que resultan regímenes y consejos facultativos pero los sigue reclamando periódicamente, cuando su báscula empieza a emitir gritos de dolor.

Definitivamente, los Planes de Motivación del Personal me saben a las dietas de mi tía porque las empresas, o sus departamentos de Recursos Humanos, imaginan que motivar al personal consiste en administrarle alguna pócima o gragea reparadora mientras se les puede seguir gestionando como el burro del palo y de la zanahoria, sin consideración ninguna para sus necesidades personales.

No creo que la motivación del personal dependa de ningún plan de motivación, sino de mantener en la empresa unas pautas de gestión basadas en la reciprocidad, la consideración y el respecto por las aspiraciones personales de la gente. La motivación está en cada uno de nuestros actos como jefes o directivos, en cada una de nuestras palabras, en un trabajo con sentido y en saber crear equipos unidos; no en programas de temporada como los saldos de El Corte Inglés.