A su vez, el polo del NO-SER corresponde a la postura de que el hombre es solo un actor miembro de un sistema ideológico, social o económico que define las reglas al que se somete, y las mejoras en su comportamiento lo son para que se adapte más o mejor a las exigencias del sistema.

En el enfoque a la ELEVACIÓN, el hombre se percibe como singular con sus potencialidades de crecimiento, de construcción, de autonomía y capacidad a autogestionarse. Es un potencial siempre en vía de mayor desarrollo y realización.

Por el contrario, en el enfoque a la REDUCCIÓN, el hombre se ve a través de sus semejanzas en acciones y comportamientos, y por tanto como un instrumento intercambiable del que uno puede adueñarse o explotar.

Como indicado, determinamos así 8 estilos que corresponden a los 4 polos y a su combinación por pares. Son (en el sentido horario empezando por Elevación): Humanismo, Racionalismo, Organicismo, Naturalismo, Materialismo, Animalismo, Personalismo y Culturalismo.

A partir de un cuestionario interactivo, los participantes identifican sus tendencias de valores. Luego, les pido que analicen y determinen cual es el tipo de valores que aplican y en base a cual dirigen la empresa.

Es aquí dónde aparecen las sorpresas (para ellos puesto que ya me he acostumbrado): en la gran mayoría de los casos, los directivos se autodeterminan combinando el polo ELEVACIÓN con el del SER. Sin embargo, cuando analizan sus paradigmas de gestión y dirección, se dan cuentan que se sitúan mayoritariamente en el polo NO-SER combinado con REDUCCIÓN, es decir opuesto a 180 grados a sus valores personales.

No os comunico cuales son las reflexiones y conclusiones que sacamos de esta observación, prefiero dejaros pensar en ello, en cómo podemos conciliar una empresa en la que nuestros comportamientos resultan diametralmente opuestos a nuestros valores personales.

Michel