A lo mejor, los autores de los evangelios del Management (como EFQM) quieren que entendamos excelente como inmejorable, algo perfecto. Así que todos debemos compulsivamente alcanzar la perfección, ser perfeccionistas, lo que así define la Wikipedia:

Perfeccionismo, en Psicología, es la creencia de que la perfección puede y debe ser alcanzada. En su forma patológica, es la creencia de que cualquier cosa por debajo de la perfección es inaceptable.

 Hamachek (citado por Parker & Adkins 1994) describe dos tipos de perfeccionismo. Los perfeccionistas normales "obtienen un sentimiento muy real de placer de los resultados de un esfuerzo costoso", mientras que los perfeccionistas neuróticos son "incapaces de sentir satisfacción porque a sus ojos nunca consiguen hacer las cosas lo suficientemente bien como para alcanzar ese sentimiento".

Burns (también en Parker & Adkins 1994) define a los perfeccionistas como "personas que se esfuerzan compulsiva e incansablemente hacia objetivos imposibles y que miden su propio valor enteramente en términos de productividad y éxito".

El tecnomanagement es perfeccionista, y quiere que todos los trabajadores - e incluyo en el término todos los que trabajan en la empresa, de los altos directivos al empleado raso - se conviertan en perfeccionistas, esforzándose compulsiva e incansablemente hacia objetivos imposibles.

La excelencia es un mito, una dirección hacia la que uno puede tender a condición de ser consciente de que es tan inalcanzable como los espejismos, o el arco iris. Pero el tecnomanagement exige excelencia y confunde el camino con el objetivo, desarrollando complejos sistemas cuantofrénicos para controlar que todos estamos siendo sobresalientes y perfectos.

¿Se podía esperar otros resultados que el imparable incremento de neurosis por causas laborales al que estamos asistiendo en las consultas de psicólogos, psiquiatras y neurólogos?

MHC

Crédito imagen: http://xarleen.wordpress.com/2009/04/21/angel-caido/