Dicen que todo lo que se puede medir, se puede mejorar. Primero,
pongámonos de acuerdo sobre el término “medir”, y ¿qué mejor árbitro que el
diccionario de la Real Academia
Española?
Medir : 1. tr. Comparar una cantidad con su
respectiva unidad, con el fin de averiguar cuántas veces la segunda está
contenida en la primera.
Pues bien, en la empresa Perico Palotes y
Asociados, han decidido ser profesionales – ya está bien que nos acusen de
diletantes – y medir sus inversiones en formación como Dios y Peter Drucker
mandan.
El
talento es como los copos de nieve. Solos no consiguen nada, pero cuando se
juntan, llegan a ser arrolladores.
Julio
tiene un talento. Cuando forma parte de un grupo de personas, todo el mundo se
lleva bien, la gente se siente animada, hay - como se dice coloquialmente -
buen rollo. No parece hacer nada especial, simplemente está.
Atraer y conservar el talento está en todas las bocas y en todos los programas de Recursos Humanos. Parece ser una de las máximas preocupaciones actuales, pero ¿de verdad el talento se caza como las mariposas y se gestiona como una cartera de valores en bolsa?
¿Qué es realmente el talento?
¿Algo propio a la persona, una característica peculiar como la forma de la nariz, la altura o el color de los ojos. Algo inherente con que ha nacido o se ha encontrado al crecer, y de lo que no puede librarse?
Podríamos ir a la búsqueda del talento como otros van a buscar setas o trufas en los montes, llenaríamos nuestra cesta y nos dirigiríamos felices directo a la cocina para guisar con total seguridad un manjar.
¿Y si -
sin saberlo - formaras tú, en este momento, parte del Matrix? Si fueras un
señor Anderson entre tantos, totalmente inconsciente de la ilusión en la que
vives? Me dedicas un momento?
Desde los romanos se
conoce la selección de personal. Aquellos la utilizaban, por ejemplo, para
seleccionar a los que iban a formar parte de las prestigiosas legiones. Una de
las pruebas consistía en cruzar nadando un río tumultuoso. Los que lograban
alcanzar la otra orilla quedaban seleccionaos, los que se ahogaban ... no.
Los directivos no tienen tiempo para pensar. Ya se sabe. No
paran de correr de un sitio a otro, de un problema a otro, brincando y
sorteando las amenazadoras manillas del cronómetro que parecen dispuestas a
trocearles. Las nuevas tecnologías les han ayudado a no tener tiempo. Contestan
al móvil con el frenesí con el que antes fumaban; han de enviar emails urgentes
desde la Blackberry; mantenerse al día del Twitter; actualizar sus redes
sociales y estar al tanto de todo lo que acontece en su departamento (¡no vayan
los colaboradores a tener iniciativas!).
No se aprende nada multiplicando las preguntas, sino escuchando las respuestas. Curiosa morfología tiene el hombre que más abre la boca y más se le tapan los oídos.
Los Planes de Motivación del Personal me saben a las dietas
de mi tía Amparo.
Amparo come todo lo que le viene en ganas. Cuando cocina,
termina amorosamente todo lo que queda adherido a las cazuelas o en el fondo de
las sartenes. Si encuentra en el frigorífico un Tupper con alguna sobra de la
comida anterior, las termina para hacer sitio en la nevera. En la mesa, no
duda nunca en acabar cualquier resto que pueda aun quedar en las fuentes.
Paralelamente, frecuenta a los dietéticos y gasta mucho
dinero en las tiendas de Nature House, probando sin éxito todos los productos
para adelgazar. Es obvio que no para de quejarse de lo poco eficaz que resultan
regímenes y consejos facultativos pero los sigue reclamando periódicamente,
cuando su báscula empieza a emitir gritos de dolor.
Definitivamente, los Planes de Motivación del Personal me
saben a las dietas de mi tía porque las empresas, o sus departamentos de
Recursos Humanos, imaginan que motivar al personal consiste en administrarle alguna
pócima o gragea reparadora mientras se les puede seguir gestionando como el
burro del palo y de la zanahoria, sin consideración ninguna para sus
necesidades personales.
No creo que la motivación del personal dependa de ningún
plan de motivación, sino de mantener en la empresa unas pautas de gestión
basadas en la reciprocidad, la consideración y el respecto por las aspiraciones
personales de la gente. La
motivación está en cada uno de nuestros actos como jefes o directivos, en cada
una de nuestras palabras, en un trabajo con sentido y en saber crear equipos
unidos; no en programas de temporada como los saldos de El Corte Inglés.
Hay un ejercicio que realizo dentro de mi actividad de
coaching de equipos directivos, y está centrado en los valores. Más
exactamente, en la (in)coherencia entre los valores personales de los
directivos y los valores que utilizan y profesan en su manera de dirigir la
organización.
Se basa en un desarrollo de Roger Nifle que discrimina 8
tendencias combinando dos ejes que son: orientación al SER versus orientación
al NO-SER (eje horizontal) y enfoque a la ELEVACIÓN versus enfoque a la REDUCCIÓN (eje vertical).
En este modelo, el polo del SER corresponde a la idea de que
el hombre es un ser por si mismo, individual, con derechos y capacidades para
disponer de si mismo, independientemente de las exigencias sociales o legales
del sistema en el que se sitúa.
Se lo han llevado las hipotecas basuras, los avariciosos bancos,
las tormentas bursátiles, la globalización y otros Ninjas sigilosos.
En su afán de recortar dramáticamente los gastos, las
empresas han procedido a una severa dieta de adelgazamiento, licenciando personal
a espuertas. El problema es que también han licenciado a los consumidores de
sus productos, puesto que en el siglo XXI, los que producen y los que consumen
son las mismas personas. Menos gastos, sí, pero a la vez que eliminaban michelines,
han conseguido podar las ventas.
Han sucumbido al sofisma de composición que consiste en
creer que lo que es bueno a pequeña escala sigue siéndolo a escala grande. Una
empresa puede sobrevivir recortando costes de personal, pero si lo hacen masivamente
todas las empresas, la crisis monetaria se multiplica al cuadrado con una
crisis de la demanda.
Vale, de acuerdo, han movido el queso. Ahora ¿qué decides tú? ¿Te quedas aquí
llorando esperando el hipotético momento en que vuelva, o te pones las
zapatillas de deporte y empiezas a correr?
Hoy ha pasado por mis manos el libro “Diccionario de
comportamientos para la
Gestión por Competencias”. En la portada indica la autora:
“Incluye 4.538 comportamientos para 160 competencias”.
¡4.538 comportamientos! ¿Qué se supone que hay que hacer con
4.538 comportamientos? ¿Gestionar a las personas? ¿Podéis imaginar a un manual
de cómo educar a sus hijos que describiera 4.538 comportamientos de niños?
Decididamente, la cuantofrenia es una patología tanto más
tóxica como enraizada en el hemisferio izquierdo de algunos utopistas que
imaginan poder engastar los cien millardos de neuronas del cerebro humano en un
tratado exhaustivo de la conducta humana.
Hay que modelizar, es decir simplificar, no complicar,
porque nunca la variedad de un tratado de regulación de personas podrá ni
siquiera aproximarse a la variedad del sistema humano que pretende regular. Hay
que escribir tratados causales, no descriptivos de todas las consecuencias y
sobre todo, en lugar de pretender centralizar el control como si el director de
RR.HH. estuviera en la consola de mando de alguna nave espacial, descentralizar
la regulación, formando y apoderando a los mandos intermedios y de proximidad.
Sólo un ser humano puede igualar la variedad de otro ser humano.
La palabra equipo ha sido tan malgastada que resulta a veces
desgastada. Al tener consonancias tan positivas, la han acoplado a todas las
situaciones, llamando equipo a lo que no lo es en absoluto. En el mejor de los
casos se ha llamado equipo a un simple grupo de trabajadores reunidos en el
mismo departamento, en el peor: a una mala agrupación de gentes dispares y
distantes que sólo tienen en común recibir un sueldo de la misma empresa.
¿Son las diferencias entre grupo y equipo tan sutiles que
sólo unos especialistas quisquillosos pueden hallar diferencias, o se trata de
dos entidades tan distintas como un Rioja Reserva y un vino de mesa?
Las empresas están obsesionadas por la racionalidad. Podéis
estar seguros de que no tengo nada en contra de la intención. Sin embargo uno
de los componentes esenciales de las empresas somos los seres humanos, y
funcionamos según una lógica irracional - o una racionalidad ilógica - basada
en una mezcla variable e inconstante de razón, razones y emociones.
Enfrentadas a la paradoja de objetivar un sistema que opera
con lógica difusa y bajo el principio de indeterminación, las empresas se
encierran obstinadamente en la paradoja, sin conseguir resolver la cuadratura
del círculo.
Se exige cada vez más de los empleados, responsabilizándolos
más de los resultados, y se les despoja cada vez más de toda responsabilidad
sobre el cómo conseguirlos.
Hacer a la gente responsable del resultado denegándole la
responsabilidad sobre cómo conseguirlo es toda una contradicción, al no
sentirse responsable sobre lo que hace, tampoco lo es sobre los resultados.
Una de las palabras más utilizadas por el
tecnomanagement, es probablemente “excelencia”. Es el lema omnipresente, el
objetivo absoluto: organizaciones, productos, líderes, trabajadores, todo ha de
ser excelente. Pero ¿qué significa exactamente excelente? Según el diccionario
de la Real Academia:
“Que sobresale en
bondad, mérito o estimación.” Y a su vez sobresalir: “Dicho de una persona o de una cosa: Exceder a otras en figura, tamaño,
etc.”. Así, lo excelente es aquello que se sitúa por encima de los demás.
Según el dogma, todos tenemos que sobresalir sobre los demás. No es más que una
paradoja, si todos sobresalimos, nadie sobresale.
Un mito es un conjunto de creencias o una narración
imaginaria que intenta dar una explicación a la realidad. En las sociedades,
los mitos llegan a formar parte de la cultura que define dicha sociedad y sus
valores, e influencian, a veces enormemente, los comportamientos de sus
miembros.
No importa que lo en que se crea sea o no verdad, lo
importante es la creencia. Los mitos sociales tienen además la propiedad de que
no se replantean nunca, porque hacerlo sería una blasfemia social.
La sociedad actual ha adoptado un mito en la última parte de
siglo XX, que se ve reforzado de año en año, debido probablemente a la enorme
dificultad que representa oponerse a los mitos socialmente aceptados: estamos
en guerra y, como en las películasy series
televisivas tituladas “los Inmortales”: sólo puede quedar uno.